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Las sombrías perspectivas económicas de 2016

" Hay que trabajar más y ganar menos ".
G. Díaz Ferrán, presidente de la Confederación Española de Organizaciones  Empresariales ( CEOE ), desde 2007 a 2010. Actualmente en prisión por delitos de vaciamiento patrimonial, alzamiento de bienes continuado, concurso fraudulento continuado, blanqueo de capitales e integración en organización criminal.
{mosimage}Francisco Morote.- Transcurridos los dos primeros meses del año, instituciones u organizaciones internacionales, como el Fondo Monetario Internacional ( FMI ), el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ( OCDE ) y el Citigroup Inc., la mayor empresa de servicios financieros del mundo, coinciden en rebajar las perspectivas de crecimiento de la economía mundial en el año 2016.

Si a finales de 2015 se auguraba para 2016 un crecimiento del 3.6% ( FMI ) , o del 3,3%, ( Banco Mundial y OCDE ) pero, también, del 2,7% ( Citigroup.Inc ), ahora ese crecimiento se reduce al 3,4% ( FMI ), al 3,0% ( ( OCDE ) e, incluso, a un 2.9% ( Banco Mundial ) y hasta un inquietante 2.5% ( Citigroup. Inc ) ,y cunde el temor a una nueva Gran Recesión comparable a la acaecida en los años 2007-08.

De sobra sabemos lo que eso significa, Sobre las cabezas de la inmensa mayoría de la población, la que vive de un trabajo asalariado, pende la espada de Damocles de una nueva tormenta económica que ponga en peligro la continuidad de su puesto de trabajo, la estabilidad de su empleo, la cuantía de su salario e, incluso, la dignidad de sus condiciones laborales.

¿ Qué está pasando ?  ¿ Por qué la economía mundial no está creciendo en los primeros meses de 2016 al ritmo que se pronosticaba en 2015 ?

Todas las miradas se dirigen a China. China es ahora el chivo expiatorio. Convertido en la segunda economía mundial, tras Estados Unidos, el gigante asiático no va a crecer al ritmo de estos años pasados y, por consiguiente, se le va a responsabilizar del decaimiento de la economía mundial.

Sin embargo, si China va a importar menos energía, petróleo sobre todo, y menos materias primas, con el consiguiente perjuicio para los países exportadores de esas producciones y a reducir su producción industrial porque sus exportaciones ya no encuentran los mercados que en años anteriores absorbían sus productos, lo que conllevará una disminución de los beneficios para las compañías transnacionales radicadas en China, es lisa y llanamente porque el poder adquisitivo y la demanda solvente de la mayoría de los consumidores del mundo, localizada en el llamado mundo desarrollado ( Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, etcétera ), ha disminuido porque las políticas neoliberales de los gobiernos occidentales han empobrecido, en las últimas décadas, a quienes para vivir, la mayoría, dependen de un trabajo asalariado.

Ahí y no en la anécdota de la reducción del crecimiento de la economía china, es donde hay que ver la verdadera causa del menor crecimiento de la economía mundial y de la amenaza de una nueva Gran Recesión.

El mantra neoliberal de trabajar más ( El Consejo de Ministros de Trabajo de la UE llegó a proponer en 2008 la jornada laboral de 65 horas semanales ) y ganar menos, referido, claro está, solo a los trabajadores asalariados del mundo desarrollado, se vuelve  ahora como un boomerang sobre el capital, porque trabajar más se traduce en la pérdida de puestos de trabajo y de poder adquisitivo  de los desempleados, y ganar menos en el descenso de la capacidad de consumo de los empleados y, en ambos casos, en la reducción de la demanda solvente sostenida, sin la que el crecimiento económico es pura ilusión.

 En fin, incluso entre los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales del G-20, reunidos a finales de febrero precisamente en Sanghái ( China ), se habló de un escenario de " vulnerabilidad ", aunque no por ahora de recesión. Más lejos llegan muchos analistas que o bien vaticinan una nueva recesión, o bien se inclinan por la perspectiva de lo que Larry Summers y Paul Krugman  han llamado  " estancamiento secular", un estado duradero en el que la depresión económica sería la norma, con episodios de pleno empleo escasos y distanciados entre sí. Bonita perspectiva.