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Muestras de incivismo que no se corrigen

  • Published in Política Social

José M. Balbuena Castellano

{mosimage}Les voy a hablar de la capital de la isla y de la provincia. Y sobre un barrio concreto: la Vega de San José, que como su nombre indica, en tiempos pasados fue una excelente campo de cultivo donde se plantaban principalmente plataneras. Podría haber elegido otro barrio, pero este concretamente es el que más conozco y creo que pueda servir de ejemplo para lo que tengo que decir.

En la Vega de San José, el vecindario está más que acostumbrado a una serie de actuaciones negativas que no le agradan pero que tienen que soportar sin que, de momento, se le ponga remedio por parte de quienes la obligación de hacerlo. Así, es frecuente ver como hay  gente  que sigue  tirando al suelo toda clase de objetos. Sabemos que es  la consecuencia de haber recibido una  mala educación, tanto en el hogar  como en la escuela, y una falta de sensibilidad y de respeto al medio ambiente, pero ello no es óbice para que las autoridades competentes intervengan y pongan orden. Me parece intolerable que el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, por  razones que desconozco, no actúe para desterrar esta lacra que nos sitúa en uno de los puestos más bajos de los países europeos, en cuanto a educación medioambiental se refiere.

Como es un proble a que nos incumbe a todos, me veo en la obligación de recordas al ayuntamiento, que no existiría si no hubiese ciudadanos, que podría colocar en los diversos barrios de la capital unos avisos o bandos en los que se  inste a los vecinos a que contribuyan a la limpieza utilizando convenientemente los contenedores y las papeleras, distribuidos por todas partes y se pierda la mala costumbre de tirar todo al suelo. También que se advierta a la población que habrá sanciones económicas, que sirvan de escarmiento, a quienes conscientemente no se ajusten a las normas establecidas y continúen realizando esos actos incívicos. Y en tercer lugar, sancionar también a los padres de menores que se dediquen a guarrear por ahí, e incluso,  obligarles a cumplir  con algún servicio a la sociedad, recogiendo lo que ensucian, etc. Es vergonzoso ver como muchos jóvenes dejan los lugares donde se reúnen para sus litronas de fin de semana, o para cualquier otra concurrencia masiva, sean de menores e incluso, personas mayores.

Otro ejemplo concreto, referido a la Vega de San José. Los vecinos que viven en los bloques 65,67 y 69 , etc. de la calle Málaga, están más que hartos de aguantar  a grupitos de jóvenes (mayores y menores de edad)  que se sientan  en los muros de un jardín comunal existente entre esos bloques de viviendas. Tal vez si lo hicieran civilizadamente, no habría nada que objetar, pero el caso es que  no  solo se dedican a tirar en las aceras y en los jardines papeles, botellas, plásticos, colillas y lo que se tercie, sino que, además,  alborotan por la noche cuando la gente está intentando descansar. No consuela saber que esto suele ocurrir en otros jardines de la zona o de la ciudad, que, a veces, parecen estercoleros.

En el caso de este jardín al que me refiero, resulta que es verdad que actúa el servicio municipal de limpieza , y a veces viene gente Parques y Jardines  para adecentar estos lugares, pero cinco minutos o diez minutos después acuden “los ensuciadores”  para dejarlo todo hecho un asco otra vez.  Sería  lógico y racional que las autoridades municipales le hagan un seguimiento a este tipo de comportamientos y que traten de erradicarlos definitivamente. Sucede que integrantes de las Asociaciones de Vecinos de la Vega de San  José,  o presidentes de comunidades han dado aviso más de una vez a la policía municipal, al concejal del distrito o a la policía nacional, pero no han hecho mucho caso, imponiéndo un suplicio que el vecindario se niega a aceptar. Alguna vez ha aparecido  algún agente, pero los muchachos se esconden y los evaden, o tal vez escuchen sus reprimendas pero les entra por un oido y les sale por el otro. Y eso es todo. Las autoridades son poco persistentes en su vigilancia. Lo más triste es que los padres de estos muchachos ni se enteran ni se inmutan. Me refiero a los menores de edad sobre laa que suponemos que tienen todavía cierta autoridad y ascendencia. Los vecinos, que pagan también sus impuestos y desean que se les escuche y se les atienda, instan a las autoridades a que acaben de una vez con esta situación de la manera más seficaz posible, de forma que no se repitan tales molestias.