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Pablo Iglesias, juez y parte

  • Published in Cultura
{mosimage}Antonio Aguado Suárez.- Los partidos políticos (sus dirigentes, ya que los afiliados cuentan poco), se han jerarquizado, causando la perpetuidad en los cargos y la profesionalización de la vida política, con lo que eso significa: lejanía cada vez más, e indiferencia de los políticos con los ciudadanos y sus problemas y peor aún, en muchas ocasiones utilización del cargo institucional en beneficio propio. El PNV es el único partido político que separa el cargo institucional, del orgánico-político, predominando éste, que tiene como principales objetivos, apoyar a sus cargos públicos en el desempeño de su labor, pero también controlarles, para que no se deriven de su línea política, ni tengan comportamientos indeseados. Por eso no es de extrañar en el Partido Nacionalista Vasco la ausencia de corrupción.


Últimamente se está hablando mucho acerca de regenerar la vida política, pero para lograrlo es necesario que se contemple en nuevas leyes, de partidos y  electoral y que éstas tengan en cuenta y sin tibieza, que una persona sólo pueda tener un cargo, bien sea público u orgánico y en caso de tener los dos, para no ser juez y parte deberán ser a distintos niveles y por un tiempo limitado (dos legislaturas o mandatos) y que a los mismos, los candidatos tendrán que acceder en listas abiertas, con voto personal y secreto y a través de primarias para los cabezas de lista. Eso si, unas autenticas primarias que sin obstáculos, ofrezca las mismas igualdades de oportunidad a todos los candidatos.

Como se suele decir: “no es lo mismo predicar, que dar trigo”. Podemos ha estado haciendo lo primero y mostrándose como una organización política ejemplar. Pero todo eso se le ha venido desmoronando, con la acumulación cada vez más  de poder y la configuración de su propia casta, que tanto en su momento razonablemente criticaba a los demás.

La crisis producida por el cese del número tres de la organización, Sergio Pascual, por el secretario general Pablo Iglesias, apenas ha tenido contestación interna,  lo que demuestra que salvo muy pocas y honrosas excepciones, la mayoría de los dirigentes y cargos públicos han hecho causa común, con el “máximo jerarca”. En muy poco tiempo Podemos viene practicando lo que tanto criticaba. Es una lastima, ya que había despertado muchas expectativas y esperanzas para que se pudieran erradicar las viejas prácticas de hacer política, e introducir nuevos formas que identificara y motivara a los ciudadanos en torno a la política. El cese se ha hecho de forma poco clara y antidemocráticamente, confirmando que las crisis autoritarias de Podemos son una realidad y sino fuera por el hiperliderazgo que practican, podría atribuirse a su falta de rodaje y experiencia, a la hora de abordar en tan poco tiempo una serie de metas, como han sido su estructuración y organización, que les posibilitara entre otras cosas, hacerle frente con un mínimo de garantías a los retos electorales. Por el bien de la democracia y antes de que sea demasiado tarde, Podemos debe rectificar, de lo contrario podría quedarse en lo que pudo ser, pero debido a sus errores y contradicciones no fue.