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Juan Gualberto Gómez y José Martí: dos cubanos independentistas

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Hoy se cumple un aniversario del natalicio de Gualberto Gómez patriota independentista Cubano
 
{mosimage}Lois Pérez Leira – Cubainformación.- Juan Gualberto Gómez Ferrer y el Apóstol José Martí tenían características comunes: los dos eran independentistas, masones, y fundadores del Partido Revolucionario cubano. Martí hijo de españoles y Juan Gualberto  hijo de negros esclavos.
A finales de 1878 Juan Gualberto Gómez y José Martí  se conocieron a través de un amigo en común, Don Nicolás Azcarate, que los pone en contacto en el bufete de Viondi, y desde ese momento, hasta la muerte del Apóstol, estuvieron unidos por los mismos ideales.
 
Juan Gualberto fue un destacado  político independentista, periodista, y líder de los negros cubanos, que se destacó en la Independencia de Cuba y durante la etapa republicana comprendida entre 1901 y 1933 por sus ideales separatistas,  fue encarcelado y desterrado a  España, en Ceuta.

Los primeros años

Juan Gualberto Gómez Ferrer nació el 12 de julio de 1854 en el ingenio azucarero "Vellocino de Oro", propiedad de Catalina Gómez, en   Sabanilla del Encomendador, hoy bautizada como Municipio Juan Gualberto Gómez, en la Provincia de Matanzas, Cuba. En el año de su nacimiento, 1854, se redacta el manifiesto de Ostende, el cual  suscribe el objetivo de los EEUU, en comprar la isla de Cuba o declararle  la Guerra a España, si esta no acepta sus condiciones económicas.

Después de la admisión de California a la Unión, como estado Libre, el próximo objetivo anexionista, era apoderarse de Cuba. Mientras tanto en España, bajo el reinado de Isabel II, estallaba la llamada Revolución de 1854, más conocida con el nombre de Vicalvarada. Por haberse iniciado con el enfrentamiento entre las tropas sublevadas al mando del general Leopoldo O´Donnell  y las tropas gubernamentales, en las cercanías del pueblo madrileño de Vicálvaro. Los padres de Juan Gualberto fueron Fermín Gómez (Yeyé) y Serafina Ferrer (Fina), los dos eran esclavos. Invierten los ahorros que habían juntado con muchos sacrificios, en comprar la libertad del niño antes de su nacimiento, de acuerdo a la ley de la época de “Libertad de vientres”, como se le conoce a este derecho que fue un principio jurídico implantado en el siglo XIX   en los países abolicionistas de la esclavitud, consistente en otorgar la libertad a los hijos nacidos de esclavas. Primero fue Juan Gualberto y luego sus padres,  los que  lograron comprar sus libertades. Su hija  Angelina Edreira de Caballero escribe en la biografía de  su padre Juan Guadalberto:

“Yo conocí a los padres: abuela Fina y Yeyé. Dos pardos claros, lavados, palabra muy usual en la época, bien vestidos. Yeyé, pequeño y delgado, abuela Fina le aventajaba en estatura y carácter: alta gruesa, vistosa y decidida. Era el tipo de la matrona, no tuvo más que ese hijo y le rodeo de todos los cuidados y mimos.”

El pueblo donde vivían, había sido un lugar importante de producción de madera, para la construcción naval. En 1846 la Empresa de los Ferrocarriles, estableció en Sabanilla un paradero, pues contaba por  entonces con una población 718 habitantes. La parada del ferrocarril permito la carga de la caña de azúcar y otros productos, destinados hacia La Habana. Esto le dio un gran impulso al municipio. En 1864 cuando contaba con 10 años su familia se traslado a La Habana. En la capital tenían más perspectivas de trabajo y Juan podía tener una mejor formación. Ya desde niño mostraba un gran interés por los estudios. En la capital de la colonia los padres de Juan Gualberto  pusieron dos pequeños negocios. Fermín, un comercio de frutos menores y Serafina, una lavandería. Por aquellos años la ciudad gozaba de prosperidad comercial y esto  repercutía positivamente en la encomia de la familia. Con mucho esfuerzo sus padres lo enviaron a estudiar al colegio Nuestra Señora de los Desamparados, dirigido por Antonio Medina y Céspedes, un maestro negro inspirado en la obra de José de la Luz y Caballero.

Los sangrientos sucesos del Teatro Villanueva

En 1868 los independentistas cubanos se lazan en armas y se inicia la llamada Guerra de los Diez Años. Juan Gualberto se encontraba como espectador en una función del Teatro Villanueva, lanoche del 22 de enero de 1869, cuando miembros del Cuerpo de Voluntarios del gobiernointerrumpieron y asaltaron salvajemente la actuación. Los atacantes decían que el dinero recaudado era para los independentistas. Los hechos ocurrieron los días 21 y 22 de enero en el teatro Villanueva, cuyas obras se caracterizaban por la sátira política de la actualidad. La función de la noche del 21 de enero concluyó con vivas a Cuba, por parte de los concurrentes, sin más consecuencia que una multa al propietario y director del teatro, José Nin y Pons, por haber permitido el escándalo. Pero la segunda función concluyó con una jornada sangrienta. Esa noche, al finalizar la pieza cómica Perro huevero, uno de los actores recitó con énfasis el verso Viva la tierra que produce la caña, y el público se desbordó en aplausos. Desde el exterior se escuchó un disparo, señal para que miembros del Cuerpo de Voluntarios -fuerza paramilitar al servicio del integrismo español - irrumpieran en el teatro, haciendo descargas cerradas de fusilería contra los espectadores. Entre las víctimas, según testimonios, se contaron dos mujeres y un niño. Los sectores integristas -compuestos por individuos partidarios de mantener intacto el orden colonial español- y sus principales voceros, Diario de la Marina, La Voz de Cuba y La Prensa, se encargaron de envalentonar y premiar las acciones de los voluntarios. La noche del 22 de enero, el joven discípulo de Mendive, José Martí se hallaba en la casa de los suegros de su maestro, al fondo del teatro. Su madre, al escuchar los disparos, cruzó la ciudad desde su domicilio hasta llegar a la casa de los familiares de Mendive, donde conocía que el joven se encontraba. Los padres de Juan Gualberto ante el clima de violencia y la represión que se ejercía contra la juventud, deciden enviarlo a estudiar a Francia. Para ello cuenta con los ahorros obtenidos por los dos comercios y la ayuda de la siempre protectora Catalina Gómez. Sus padres piensan en un estudio práctico que le permitiera ganarse la vida, es así como viaja a Paris para estudiar el oficio de carruajero. Esta actividad era muy valorada en La Habana y era una de la pocas cosas que se le permitía estudiar a un negro, hijo de esclavos. Por otro lado Juan Guadalberto mostraba cierta vocación por la carpintería.

Viaje a Francia.

En el puerto de La Habana se embarca Juan Gualberto en “La France” un moderno barco de vapor perteneciente a la «Sociedad General de Transportes Marítimos», domiciliada en Marsella. Aquel imponente barco  tenía un arqueo de 4.600 toneladas y podía transportar 1.300 pasajeros. Sus padres y sus amigos lo fueron a despedir al puerto. Su cuerpo por aquellos años  era menudo, de labios gruesos, nariz chara y de ojos llenos de vida.

Su hija Angelina Edreira de Caballero, cuenta en su libro las impresiones de su padre durante el viaje: “Hija, me dijo un día, durante los 21 días de travesía, solo, sin el cuidado de mis padres, mirando al mar, se forjo en mí el amor a la libertad. Todo era tan inmenso, tan grande, que pensé en la pequeñez de las cosas humanas y que a lo natural no se le puede poner trabas”.

Comenzó sus estudios técnicos, hasta que fueron sus padres a visitarlo en 1870 junto a quienes fueron sus anteriores amos. Su maestro M. Binder les recomienda que lo pongan a estudiar, ya que el joven tenía muy buenos dotes intelectuales. Es así como  lo inscriben en la Escuela Politécnica de Ingenieros,   fundada en 1794, entre otros por Gaspar Monge.  La  escuela fue creada como consecuencia de la revolución francesa, ya  que carecían de ingenieros suficientes, para modernizar el país.  A partir de 1830 , y hasta la Primera Guerra Mundial , numerosos alumnos de la  Escuela Politécnica fueron influenciados por las ideologías sansimonistas y positivistas. La escuela  era llamada « X» desde la mitad del siglo XIX   a causa de la insignia de la escuela, dos cañones cruzados, o por asimilación del predominio de las matemáticas en la formación de los ingenieros. Por aquellos  tiempos Francia estaba gobernada bajo el Segundo Imperio francés, presidido por Luis Napoleón Bonaparte. Durante su estancia en Francia presencio el sitio de París, durante la Guerra Franco Prusiana. Fue un conflicto bélico que se libró entre el 19 de julio de 1870 al 10 de mayo de 1871. El propio Juan Gualberto le cuenta   a su hija Angelina: “Vi cruzar a (León) Gambetta en un globo las líneas enemigas para organizar la defensa de París, y no me he olvidado jamás de su arrojo y valentía”. Paso las calamidades del hambre, vivió las situaciones más crueles y las más valientes. Llego a contarle a su hija: “pague 5 francos por un pastelito de carne de ratón”.  En 1871 presencia la revolución obrera de la Comuna de Paris, hecho que conmovió al mundo. Los obreros parisinos  gobernaron la ciudad de Paris desde el 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, instaurando un proyecto político popular autogestionario. Durante 1872   conoce al patriota cubano  Francisco Vicente Aguilera quien dijera la famosa frase: "Nada tengo mientras no tenga patria”.

Este necesitaba una persona de confianza que le tradujera  sus artículos al francés. Juan Gualberto aparte de ganarse unos francos por el trabajo, se compenetro con las ideas separatistas de Aguilera.  En aquella época París era la capital del mundo. Los intelectuales, artistas, exiliados y bohemios deambulaban por sus emblemáticos cafés, donde se realizaban las eternas tertulias. Los pintores Manet, Renoir, Monet y Bazille y el escritor Emilo Zola entre otros,  eran los protagonistas de aquellos años. El impresionismo marcaba todos los campos de la cultura.

Juan Gualberto comienza a escribir artículos en la prensa parisina, aborda todos los temas, aunque la política es su pasión. En esta etapa comienza también su  amor por la poesía. En 1876 escribe el poema  “Mis Placeres” que en su primer verso,  señala su interés por el arte:

“Yo soy de los que pasan todo un día,

Ya un cuadro, ya una estatua contemplando;

Y luego van gozosos, tarareando

De memoria una dulce melodía.”

Se codea con los intelectuales y políticos más famosos de su tiempo. Traba amistad con Léon Michel Gambetta, el que realizó la proeza del globo. Este era Masón  y republicano. Fue intransigente con el Imperio, Gambetta se opuso a  Napoleón III. Otro de sus grandes amigos parisinos  fue  Luis Favre. La influencia de aquellas ideas de libertad, igualdad y fraternidad que respiro en París, lo macarían para siempre, en su concepción política. En 1877 convencido de que su papel era luchar por la independencia de Cuba, se traslada hasta México. Por aquel entonces la guerra de los 10 años estaba culminando, unos meses después, el 10 de febrero de 1878, se firmo el Pacto de Zanjón, donde las fuerzas patrióticas aisladas se ven obligadas  rendirse. El acuerdo fue aceptado por la mayoría de los militares alzados, con la excepción de Antonio Maceo. Esta nueva situación determina que Juan Gualberto se traslade a Cuba, él como el propio José Martí y Antonio Maceo no estaban de acuerdo, con las condiciones impuestas. Los tres querían la independencia definitiva de Cuba.

Regreso a La Habana, conoce a José Martí

Cuando a finales de 1878 Juan Gualberto regresa a La Habana, conoce a  José Martí a través de un amigo en común, Don Nicolás Azcarate, que los pone en contacto en el bufete de Miguel F. Viondi, ubicado en la calle Mercaderes no. 2, Esquina Empedrado.

A partir de aquel encuentro comienzan a  verse todos los días, el propio Viondi les ofreció un despacho en su propio edificio, para que estuvieran más aislados.

En marzo de 1879, Juan Gualberto funda el periódico “La Fraternidad”, en la calle Empedrado no. 359, (hoy actual Museo Juan Gualberto Gómez) donde  promueve la independencia y los derechos de los negros cubanos. En este período en  La Habana se habían constituido Clubs y Juntas Revolucionarias, que aunque  actuaban de forma autónoma, habían conformado un Comité Central, del que José Martí era su presidente. Las reuniones clandestinas se celebraban en el pequeño puerto marinero de Regla, mientras que los documentos secretos que se elaboraban se guardaban en un maletín, bajo la custodia del propio Martí. Los patriotas estaban infiltrados por traidores y la policía acudió en ocasiones a detener a losconspiradores.

En la mañana del 17 de septiembre de 1879, mientras Juan Gualberto almorzaba en  la casa de Martí, ubicada en Amistad no.42 entre Neptuno y Concordia, aún estando en la mesa, se presentó un policía preguntando por Martí. Este lo recibió y después de hablar con él algunas palabras, pidió a su esposa que le sirviera café aprovechando ese instante para dejarle con ella un recado a Juan G. Gómez, de que se lo llevaban detenido, que procurara averiguar hacia donde lo conducían y que le avisara a Ascárate. Este último recibió el aviso y se presentó en la jefatura de la policía, donde Martí se encontraba detenido y logró entrevistarse con él, quien le encargó recoger en el bufete de Viondi, una maleta con documentos secretos y entregársela a José Antonio Aguilera. Este último, días más tarde fue detenido, no sin antes haber traspasado la referida maleta a J.G. Gómez, quien también ulteriormente, fue detenido, pero ya había dejado la maleta en lugar seguro. Aquel día fue la última vez que se pudieron ver los dos patriotas y amigos. El primero en ser deportado fue  Martí y posteriormente Juan Gualberto en 1880. Desde 1880 hasta 1882 estuvo en la cárcel de Ceuta en territorio español, al norte de áfrica.  Al conseguir su libertad se traslada a Madrid donde vivirá hasta 1990. Junto con Máximo Gómez y Antonio Maceo desde el exterior, preparan el fallido movimiento insurreccional de 1884. En Madrid Juan Gualberto entabla relaciones políticas y amistosas con toda la intelectualidad republicana de la época, entre ellos: Rafael Castelar presidente de la Primera República,  Rafael María de Labra destacada figura durante la Primera República; el poeta gallego Curros Enríquez; el ex ministro Republicano Romero Robledo; Nicola Salmerón ex  presidente de la Primera República, entre otros. Sus amigos  librepensadores lo introducen  en la masonería, afiliándose a la Logia “Luz de Mantua”. En Madrid se pone en contacto con el General Calixto  García, que también estaba desterrado. En la capital escribe prolíferamente en varios periódicos republicanos entre ellos: “El Abolicionista”, “La Tribuna”, “El progreso”, “El Pueblo” y “El País”. En todos ellos defiende sus posiciones abolicionistas y separatistas.

Regreso a Cuba para seguir la lucha

Después de 10 años en España, regresa a Cuba y en La Habana vuelve a editar “La Fraternidad” con un formato más grande. En su propia casa en la calle Empedrado 359 imprimía el periódico, allí en la habitación del fondo había instalado una pequeña imprenta con varias cajas de letras y una de la primeras minervas manuales de impresión. En el periódico La Fraternidad escribe el articulo “Nuestros Propósitos” dando a conocer el programa de lucha del movimiento independentista y terminando el mismo con el lema “Por la Patria, por la Libertad y por la Democracia”; el artículo llama a la unidad y la fraternidad de las dos razas: la negra y la blanca. Más tarde en el número 14 del 23 de septiembre de 1890, publica su histórico articulo “Por qué somos separatistas”. En él señala: “Algunos periódicos conservadores, lo mismo de La Habana que del interior, han dado en la flor de asegurar que porque somos separatistas odiamos a España. Nada más estrecho y ridículo que ese modo de discurrir. Por lo visto, en sentir de esos periódicos, la desposada que abandona la casa paterna para constituir hogar independiente, lo hace movida por arrebatos de odio hacías sus padre (…) La hora de la separación ha sonado. Démonos un cordial abrazo de despedida y que la suerte nos proteja a ambos”.

Juan Gualberto tiene el mismo sentimiento que tubo Bolívar, San Martin y el propio Martí. Su odio no era contra España o los españoles, no, ellos se oponían al absolutismo con que gobernaba España y  que subyugaba a sus patrias. Las autoridades españolas  lo procesan y condenan a casi tres años de prisión, condena que empezó a cumplir en la cárcel de La Habana imputado por los delitos de separatismo. A pesar de su prisión, no dejo de escribir artículos pidiendo la independencia de Cuba. Su amigo Rafael Mª. de Labra estableció un recurso contra la  mencionada condena, ante el Tribunal Supremo de España, logrando que fuera puesto en libertad después de 240 días de cárcel. Al salir de la cárcel continúa sus planes conspirativos, relacionándose con los revolucionarios matanceros que dirigía Emilio Domínguez. Por aquel entonces Martí estaba desterrado en Madrid, para luego trasladarse a New York. Los exponentes más claros de los independentistas Antonio Maceo, Máximo Gómez, Martí y Gualberto Gómez comienzan a conectarse, para preparar el levantamiento independentista. Dirá Juan Gualberto de Martí: “Estamos haciendo ambos propaganda para crear primero separatistas y revolucionarios después”. En 1892 José Martí funda en los EEUU el Partido Revolucionario Cubano,  decisión fundamental para darle una orientación política al movimiento insurreccional. Esta es la primera vez en América latina que primero se funda un partido para luego conseguir la independencia. Existía en el seno de los separatistas muchas concepciones militaristas. Para los miembros del recientemente fundado partido, la revolución no debería ser exportada, se necesitaba de algún líder que estuviera en Cuba.  Este debería de gozar de prestigio, de dotes de negociación y de muestras de patriotismo. El propio Martí piensa en Juan Gualberto y lo nombra Delegado del Partido Revolucionario en Cuba. Esto lo convierte en el jefe político en la isla y delegado del propio Martí. Durante ese tiempo se escriben semanalmente hasta que las cartas pasan a ser diarias. En una carta de Martí a Máximo Gómez le dice sobre Gualberto Gómez: “Es joya grande y el único que prepara en masa la opinión. El excelente Juan Gualberto Gómez”.

El Fracaso de la expedición de la Fernandina

A fines de 1894, José Martí había organizado el cuidadoso plan de La Fernandina para iniciar la lucha por la independencia de Cuba. Tres barcos, con cuantiosos recursos y llevando a bordo a los principales mambises,  partirían del Puerto de Fernandina, La Florida, desembarcando posteriormente por Oriente, Camaguey y Las Villas, pero la traición de un oficial hizo fracasar el plan, enteradas las autoridades norteamericanas confiscaron los barcos y el material de guerra. Esta situación genera una descoordinación con las fuerzas que estaban preparadas en el interior de Cuba, para alzarse en armas. José Martí había confiado en Gualberto Gómez, en calidad de delegado del Partido Revolucionario, la fecha del levantamiento armado y éste lo había fijado para  el 24 de febrero. Se habían  determinado distintos puntos de la isla, donde se efectuarían los levantamientos y en todas las acciones militares quedarían en manos de los militares experimentados. Juan Gualberto declinó la jefatura militar, en  Julio Sanguily, nombrado jefe de la Región Occidental y Pedro Bentancourt  Jefe de la Región de Matanzas. Betancourt citó a Gómez para que se unieran al levantamiento en la Finca “La Ignacia”, cercana del paradero de Ibarra. Los líderes separatistas preveían concentrar a 400  patriotas, sin embargo solamente acudieron a la cita 16. Este fracaso y la descoordinación con los otros grupos, hicieron fallar la nueva intentona revolucionaria. Los alzados de Ibarra fueron sorprendidos y la mayor parte apresados. Juan Gualberto Gómez pudo huir,  con unos pocos combatientes, pero más tarde fueron detenidos en Matanzas. En La Habana no se levantaron en armas porque sus jefes habían sido detenidos. En Pinar del Rio, las órdenes eran de esperar hasta que se levantaran en Oriente y en el centro del país y así en otros lados de la isla. Nuevamente Juan Gualberto es condenado y desterrado a España,  confinado en la cárcel de  El Hacho en  Ceuta y luego en la cárcel de Valencia.

Notas de la prensa española sobre la  deportación de Juan Gualberto Gómez y situación de la insurrección en Cuba.

3 de marzo de 1985. La Vanguardia:

“Buena noticia A última hora se ha recibido un telegrama de Cuba, diciendo que se han presentado en Matanza los restos de las partidas disueltas. Entre los que se han presentado, se cuenta es el periodista mulato don Juan Gualberto Gómez, muy conocido en Madrid, á donde vino hace años, en compañía del señor Labra”

5 de marzo de 1895. La Vanguardia:

“La agitación en Cuba en conjunto, la impresión que deja la lectura de los periódicos de Madrid y aun del extranjero al referirse á la insurrección de Cuba, es menos pesimista que la de los últimos días. La opinión de Martínez Campos  a un redactor de Le Temps El general se muestra muy satisfecho de su viaje á Viena, donde ha sido objeto de toda clase de consideraciones por parte del emperador y de toda la familia imperial. El periodista le ha interrogado acerca de los sucesos de Cuba, y el general le ha expuesto toda su opinión sobre el tema. El general Martínez Campos declara que no concede importancia al movimiento insurreccional, al que considera solamente como un acto de desesperación de parte de algunos descontentos y de algunos cubanos establecidos en los Estados Unidos desde el tiempo de la última guerra, enemigos declarados de España, que no hacen más que crear conflictos al gobernador general de la isla de Cuba.”

18 de agosto de 1895. La Vanguardia:

Contrabando de armas. —Sentencia El General Martínez Campos ha firmado la aprobación de le sentencia del consejo de guerra celebrado con motivo del descubrimiento de la venta de armas de contrabando a los insurrectos. Han sido condenados: A veinte años de reclusión los compradores de las armas Coloma y Juan Gualberto Gómez, y los vendedores Anitua y Lasaga. A doce años de reclusión el vendedor Larrañaga. La sentencia ha producido muy buen efecto en la opinión pública.

Sobre el Estado de la insurrección «Ateniéndonos a la versión oficial—que consideramos digna de crédito—, escribe un colega de Madrid con fecha del 3, 1a situación de las cosas en la isla de Cuba no varió ayer de una manera sensible. Lo único nuevo y satisfactorio que comunicó anoche el gobernador general, fue la confirmación de haberse disuelto la partida que se organizó en la jurisdicción de Matanzas, completada con la noticia de que la generalidad de los individuos que la componían van presentándose á las autoridades. Entre los acogidos á los beneficios del indulto que concedió el gobernador general para los que se presentasen dentro del plazo señalado al efecto, figura el periodista Juan Gualberto Gómez, que figuró entre los insurrectos desde los primeros momentos. En cuanto a los rebeldes de Baire—que constituyen el núcleo de separatistas en armas de mayor importancia, hay indicios para presumir, en armonía con lo que dicen nuestros despachos de Nueva York, que tratan de ganar tiempo, bien para ver si son secundados, bien para parlamentar con las autoridades, á fin de someterse en las mejores condiciones posibles para ellos. No se daban anoche explicaciones concretas en los centros oficiales: lo único que se aventuraba era que, ocupando los insurrectos posiciones fuertísimas en Baire y siendo su número relativamente considerable, el general Lachambre había decidido reunir las fuerzas necesarias para batirlos y que, por consecuencia, hasta mañana no podría atacarlos, pues el poblado en que los rebeldes se encuentran exige á nuestras tropas el empleo de dos jornadas, pues tendrán necesidad de recorrer catorce leguas por caminos difíciles y poco practicables…”

El 22 de septiembre de 1895 el diario La Vanguardia anuncia la llegada de Gualberto Gómez:

“Deportados y confinados Comunican de Santander con fecha de hoy que en la tarde de ayer desembarcaron en aquel puerto, del vapor correo Cataluña los deportados y confinados que aquel trasatlántico condujo desde La Habana. Estos son Juan Gualberto Gómez, Aniceto y otros, hasta el número de trece. Al verles las numerosas personas que estaban en el muelle, prorrumpieron en gritos de indignación. Formáronse luego varios grupos y se dirigieron al Gobierno civil ante cuyas puertas lanzaron nuevos gritos de indignación, procurando el alcalde convencerles de que se retiraran. Los grupos se disolvieron y los confinados y deportados fueron conducidos á las Cárceles con las debidas precauciones, uno á uno, á las altas horas de la noche. Estos visten con decencia y están muy abatidos. Juan Gualberto Gómez es mulato, luego viene un negro y los demás todos son blancos. Los deportados son cuatro y los nueve restantes confinados.”

Mientras tanto, José Martí, lejos de replegarse en sus intentos revolucionarios, lanza junto a Máximo Gómez el manifiesto de Montecristi, el 25 de marzo de 1895, en el que anuncian la continuidad del proceso revolucionario. En enero se traslada a Santo Domingo, para encontrase  con Máximo Gómez, para  desplazarse juntos a Cuba. Otro de los que se suman al levantamiento insurreccional, es Antonio Maceo. Martí que siempre había sido un intelectual del contingente militar comandado por Máximo Gómez, al poco de iniciar los primeros enfrentamientos militares con los españoles, en una acción heroica, se pone al frente de los revolucionarios y es herido mortalmente. Al morir José Martí, la guerra de independencia perdió a su máximo dirigente, al organizador extraordinario, el pensador político que sintetizaba los sentimientos independentistas de toda Cuba. En 1898 cambió el gobierno en España y se comenzó a reconocer la futura independencia de Cuba. Ese año Juan Gualberto Gómez fue puesto en libertad vigilada, pero aconsejado por Labra huye a Francia y después  a  EEUU. Su objetivo era ir a pelear a Cuba. Tomas Estrada Palma que  había sucedido a José Martí, después de su muerte, le solicita que se quede en los EEUU con la tarea de recorrer todos los centros de emigrantes cubanos, existentes en los EEUU, para conseguir los apoyos políticos y económicos para la lucha independentista. EEUU, ante la posibilidad de que los independentistas lograran su objetivo, provocan la explosión del Maine e inician la guerra con España. La ocupación militar a Cuba se inicia el 1 de enero de 1899, ocupación que duro hasta 1902. Encontrándose en Nueva York la Guerra en Cuba finaliza y terminada la soberanía española en la isla, se convoca la Asamblea de Representantes de la Revolución, Juan Gualberto es elegido como representante por dos cuerpos del ejército: el de Pinar del Rio y el de La Villas. Con esa misión regresa a Cuba.  Las secciones de la Asamblea  se iniciaron el 24 de octubre de 1898 y en ellas  desempeño el papel de vocal, desde el 11 de noviembre de 1898 al 30 de junio de 1899. Viajó con Calixto García a Washington, como miembro de la comisión enviada, para gestionar el reconocimiento a la Asamblea y los fondos necesarios, para el licenciamiento del Ejercito Libertador. Se aprobó la destitución del Mayor General Máximo Gómez, como General en Jefe de Ejército Libertador, el 11 de marzo de 1899. La diferencia con Máximo Gómez se debía a los criterios que se debían acordar, para administrar los recursos económicos que los EEUU deberían aportar, para licenciar a las tropas cubanas combatientes.

La Enmienda Platt

Las primeras elecciones en la isla de Cuba de alcaldes, concejales, tesoreros y jueces municipales y correccionales para ejercer mandato hasta julio de 1901, se efectuaron el 16 de junio de 1900 y fueron reguladas por el gobierno interventor norteamericano representado por el General Leonardo Wood y con la Orden Militar No. 164, firmada por el Brigadier General y Jefe del Estado Mayor de los Estados Unidos, Adna R. Chafee. Fueron las primeras elecciones luego del cese de la dominación española y votó el 7% de la población. Del total de un millón 572 mil 797 habitantes que tenía entonces el país, se empadronaron 150 mil 648 y de ellos 110 mil 816 concurrieron a las urnas. En aquellos comicios solo pudieron ejercer su derecho al sufragio, porque así lo estipuló la legislación que se aprobó al efecto, los mayores de 21 años que supieran leer y escribir y pudieran demostrar bienes no menores de 250 pesos. De esa forma se privaba de concurrir a las urnas a miles de cubanos negros y blancos pobres que carecían de instrucción y fortuna, tampoco podían votar las mujeres. Sí podían hacerlo los que pertenecieron al Ejército Libertador.

La Vanguardia de España señala en su periódico del 9 de octubre:

“Ya se conocen los resultados definitivos de las elecciones de Cuba. Entre los elegidos figuran Juan Eius Ribera, general insurrecto conducido prisionero á España; Lacret, Manuel Sanguily, Bethancourt, Domingo Méndez Capote, Presidente interino de la República cubana; Elíseo Giberga, diputado en las Cortes de España; Salvador Cisneros, Rafael Portuondo, diputado español y el conocido periodista Juan Gualberto Gómez. Con arreglo á las opiniones de los elegidos, las elecciones ofrecen el siguiente resultado: Nacionalistas, 17. Republicanos 11. Demócratas, 1. Independientes, 1. Elíseo Giberga es el único que figura como demócrata…”

El 15 de septiembre  de 1900 Gualberto Gómez  fue electo delegado, por Oriente a la Asamblea Constituyente, en la cual combatió a La Enmienda Platt.

A lo largo de las sesiones de la Constituyente de 1901, celebradas en el Teatro Martí de La Habana, fueron acrecentándose las presiones y maniobras yanquis hasta llegar al ultimátum del interventor militar, general Leonardo Wood, quien no dejó alternativa a la Convención. En nombre de su gobierno, del presidente Mc Kinley y del Congreso, remarcó que el único camino posible era la aceptación literal y sin cambio alguno del texto aprobado por los legisladores yanquis, rechazando los tibios intentos de modificación hechos por la convención y aprobados por mínima votación de 15 a 14. No es de extrañar que en carta a Teodoro Roosevelt fechada el 12 de abril de 1901, que se conserva en la Biblioteca del Congreso, el interventor Wood diera rienda suelta a su odio y dijera: “Hay unos ocho, de los treinta y un miembro de la Convención, que están en contra de la aceptación de la Enmienda. Son los degenerados de la Convención, dirigidos por un negrito de nombre Juan Gualberto Gómez, hombre de he­dionda reputación así en lo moral como en lo político”.

El 12 de junio, la Convención decide incorporar esta enmienda a la constitución, con 16 votos a favor y 11 en contra. Las dos grandes voces que se alzaron contra el tutelaje norteamericano fueron Salvador Cisneros Betancourt y Juan Gualberto Gómez.

Juan Gualberto Gómez mantuvo la más severa crítica a la Enmienda Platt y  el 1° de abril sometió a discusión una ponencia donde impugnaba el documento para contravenir los principios del Tratado de París y la Resolución Conjunta.  Pero la Convención suspendió el debate sobre la ponencia de Juan Gualberto Gómez y decidió enviar otra comisión para “conocer las miras y propósitos del gobierno de Estados Unidos acerca de cuantos particulares apostaban por el establecimiento de un orden definitivo de las relaciones, en lo político y en lo económico, entre Cuba y Estados Unidos, y gestionar con el propio gobierno, las bases de un acuerdo sobre esos extremos y proponerlo a la Convención para su resolución final.”

En una de sus intervenciones Juan Gualberto Gómez señalo: “ …lo más claro de esta situación sería que únicamente tendríamos gobiernos raquíticos y míseros, (…) condenados a vivir más atentos del beneplácito de los Poderes de la Unión que a servir y defender los intereses de Cuba”.

En su libro “Juan Gualberto Gómez, Paladín de la Independencia de Cuba, Emilio Roig de Leuchsenring resume aquel trágico episodio  “Justificadamente puede aceptarse que todos los miembros de la Convención Constituyente cubana actuaron impulsados por móviles patrióticos, creyendo de buena fe muchos de ellos que la solución a que se acogían era lo mejor, o la única posible, para que a nuestro pueblo se le abriesen, más o menos amplias, con más o menos cortapisas, las vías de la libertad”.

Y continúa Roig: “Pero no es posible negar que nuestras simpatías siguen, en aquel momento de la historia de Cuba; a los que se mantuvieron desesperadamente fieles al ideal de independencia absoluta que había encarnado en Martí y en nuestros mejores libertadores. Y resplandece, inmarcesible, el hecho de que Juan Gualberto Gómez fue el héroe de aquella incruenta pero angustiosa jornada en que, hombre de paz, se igualó en esfuerzo viril y en resistencia inquebrantable a los más bravos combatientes de los campos de Cuba Libre”.

Una nueva generación revolucionaria heredera del pensamiento antiimperialista de Martí y de Gualberto Gómez se percató de que la Enmienda Platt era solo un mecanismo más dentro de todo un complejo proceso de dominación neocolonial. Julio Antonio Mella fundamentó esta toma de conciencia en su ensayo: Cuba, un pueblo que nunca ha sido libre, donde demostró cómo a través de los empréstitos y la inversión de capitales, se creaba una "total dependencia" de Cuba al "Estado capitalista del gringo Sam". A la vez, Rubén Martínez Villena, en Cuba, factoría yanqui, explicó cómo, al amparo de la Enmienda Platt, "la situación de Cuba como esclava del capital yanqui se ha asegurado definitivamente".

Mella y Villena fueron también los más destacados dirigentes e ideólogos del primer Partido Comunista de Cuba, organización que tuvo como uno de los objetivos supremos de su proyecto político la lucha contra todo tipo de penetración y dominio del imperialismo yanqui en Cuba. Durante la segunda intervención norteamericana 1906-1909 Juan Gualberto fue miembro de la Comisión Consultiva, con el cargo de vocal. Ocupo los escaños de la cámara de Representantes (1914-1915) y del Senado 1917.1925 por la provincia de La Habana.

Su lucha por la raza negra

Juan Gualberto Gómez en su patriótica lucha por la independencia de Cuba, fue el primero en vincular la lucha por los derechos nacionales, con los de su propia raza. Para el, ambas luchas estaban íntimamente ligadas. Aunque partió del principio de que los cubanos eran blancos y negros, comprendió que no habría liberación de los negros, si no se lograba la independencia de Cuba. Defendió la autoorganización de los negros, con el objetico de integrarlos al movimiento separatista y convertirlos en revolucionarios, utilizando el periódico La Fraternidad para hacer eco de las campañas de denuncia por parte de negros y mulatos de los prejuicios raciales, que la lucha contra el racismo no fuera por el camino del racismo del negro hacia el blanco si no para acercar a cubanos blancos y negros y para dar a entender que las aspiraciones de los negros formaban parte de las aspiraciones generales de la nación cubana de la cual los negros formaban parte explicando así a los negros cubanos los motivos por los cuales ellos estaban también obligados a ser independentistas. En los inicios era contrario a formar un partido de raza negra. Creía que negros y blancos tenían la misma tarea en común, la liberación de su país como él había experimentado al lado de José Martí. Algunas de está ideas le generaron ciertas incomprensiones, en el seno de los integrantes de los colectivos negros, que lo criticaron duramente. Luego de la independencia, la discriminación y el racismo continuaron y el cambio de gobierno no trajo ningún beneficio comprendiendo que a la población negra, no le queda otro remedio que organizarse en torno a una organización independiente pues no tenía cabida en ninguna esfera de la vida nacional y mucho menos, por supuesto, en los partidos políticos, cuyos programas se desentendían por completo de sus necesidades. Surge así el Partido de los Independientes de Color.

Sus últimos años

Vivió sus últimos años modestamente, en el barrio habanero de Mantilla.  No dejo un solo momento de luchar por su patria y su soberanía, mantuvo una consecuente lucha contra la dictadura de Machado. El 10 de mayo de 1929 el “Asno con garras” como de decían a Gerardo Machado, or­questó una gran farsa en el Teatro Nacional, hoy García Lorca, con el pretexto de condecorarlo con la Orden Nacional de Mérito Carlos Manuel de Céspedes.

Con poco tino, los organizadores del acto solicitaron a Pedro Betancourt y Do­mingo Méndez Capote, las palabras introductorias. El viejo Juan Gualberto, andaba próximo a cumplir 75 años, sonreía mientras ellos hablaban. Ambos habían sido sus oponentes en la Constituyente de 1901, cuando Juan Gualberto Gómez se oponía a la Enmienda Platt y sus dos hoy apologistas la defendían calurosamente. Luego habló Machado. Todos esperaban su discurso habitual, con poses de guapo ba­rriotero y prosa de temeraria sintaxis. Pero esta vez llevó un libreto bien aprendido: “Juan Gual­berto no pertenece a nadie, él puede estar afiliado a un partido político, pero es de Cuba toda”, afirmó con una  construcción gramatical feliz.

Al final el homenajeado tomó la palabra y comenzó diciendo que había aceptado la Orden al Mérito porque quienes tienen la facultad de otorgarla, “han creído que yo la merecía”y añadió: “No tengo esta noche ideas dis­tintas a las que tenía ayer y el general Ma­chado ni un solo instante ha creído que yo habría de cambiar mi cerebro, ni habría de variar mis sentimientos”. Y el teatro se estremeció con una cerrada ovación, cuando expresó que el, Juan Gualberto con la condecoración seguía siendo el mismo que el Juan Gualberto sin ella.

Falleció a los 78 años el 5 de marzo de 1933 en la ciudad de La Habana.

Sus descendientes han continuado hasta del día de hoy con el legado histórico de Juan Gualberto Gómez, estudiando y divulgando su vida y su obra tal como el pidió a su hija Angelina que no se le olvidara. Su biznieta Clara Caballero trasmitiendo sus palabras hizo que me interesara y  descubriera a este  revolucionario, que hoy también es parte de la Gran Patria Latinoamericana.

Bibliografía consultada:

Franco, José L., Antonio Maceo, apuntes para una historia de su vida Tomo I y II Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.

Ateneístas Ilustres, Ateneo de Madrid. Madrid 2003.Gomez Baez, Maximo, sus campañas militares. Tomo I y II Editorial Politica La Habana, 1986.

Testimonio oral de: Arq. Clara Caballero Caraballo, biznieta de Juan Gualberto Gómez.